¿Quiénes están ahí?
A pesar de su presencia, yo bajo a la cocina. El monstruo sobre mis hombros estira su mano y hace rugir mi estomago para después salpicarme la cara de lágrimas. Lagrimas que desde hace muchos años se secaron, ahora son solo retortijones de tristeza. ¿Siempre he sentido esa soledad en el estómago? No recuerdo el primer gruñido, menos ahora que mi mente tiene la mudanza desorganizada de unos monstruitos, son hijos del monstruo sobre mis hombros. Por el momento, están muy ocupados divirtiéndose con unas memorias (como para desempacar), les agregan dolores que se ven horribles, se sienten como pinchazos en el pecho. Aunque el monstruo sobre mis hombros siempre repara los daños que sus pequeños causan en mí.
Lo repara
con un interruptor muy sencillo, en donde se apaga dice “Emociones al 0%”. Y
donde se pren… ¡Espera! ¡No lo presiones! Donde se prende dice: “DOLOR, NO
TOCAR”. Pero en algunas lenguas eso tambien puede significar “libertad”. Tampoco
es como si el monstruo trabajara todo el tiempo, a veces se va de vacaciones
(con todo e hijos) y solo deja una maquinita muy pequeña, que vigila todo
dentro y fuera, tiene funciones preestablecidas, como un control remoto. Así el
monstruo no se pierde de nada, pues cuando regresa siempre reproduce una y otra
vez las escenas donde el interruptor mostro fallas, ya sabes, como un analisis
del funcionamiento, así sabe como hacerle mejoras.
En ocasiones, hace limpiezas sin que yo me de cuenta, de repente ya no encuentro ciertos recuerdos, como mi primer beso, o mi primer día de universidad, no sé como los desecha. Otras limpiezas no pasan desapercibidas, específicamente cuando el interruptor provoca mucho lodo de dolor contenido, entonces el monstruo sobre mis hombros se encarga de lavar todo con mucha agua, casi no pasa puesto que el interruptor es muy eficiente, solo cuando el exterior hace que trabaje de más. Entonces yo lloro lagrimas de mantenimiento.

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