No sabemos que sigue, el futuro esta detrás de unas infinita serie de cortinas que no podemos dejar de abrir para encontrarnos con otra cortina más. Y otra más. Y otra más.

jueves, 1 de febrero de 2024

Autobiografía: 3-5 años


Recuerdo la caletilla

  Recuerdo haber estado ahí, en donde las rocas formaban un chapoteadero hermoso en la playa, el agua transparente dejaba ver pececitos por doquier. Tenía yo 3 años, unos meses más o meses menos. Me gustaba nadar, jugar con la arena y no me importaba nada traer bikini (en efecto, desde chiquita me sexualizaron, no les culpo, era la moda) o llenarme toda de arena. Lo que sí me importaba era que mi hermano me lanzara arena o salpicara agua, porque le armaba un lloriqueo que prometía un regaño seguro de mamá. Creo que siempre he sido así. Cuenta mi mamá que cuando yo era más bebé, mi tío Enano me daba una cuchara e inmediatamente me la quitaba para hacerme chillar, y vaya, le funcionaba. Quizás Piglet de Winnie the Pooh influenció mucho mi personalidad (es broma, o tal vez no). 


Y así era mi primera infancia, llena de llantos, no soportaba que me molestaran ni que me regañaran. Pero aprendí a dejar de llorar cuando mi madre me lo indicaba. También reía mucho, me divertía jugar con mi hermano, siempre jugábamos a molestarnos y yo siempre terminaba llorando, pero era divertido. Me gustaba jugar con pedazos de reglas. Mi mamá las rompía en la cabeza a mi hermano cuando no le decía bien las tablas de multiplicar (al menos yo sabía reciclar). Con esos pedazos de regla aprendí a caminar, mi mamá los sostenía de arriba y yo del otro extremo y así me quedaba de pie, hasta que di mis primeros pasos. Ahora que caminaba nada detenía mis berrinches en el sillón amarillo, quizá era el sitio asignado. Después me levantaba y estaba como si nada. Seguramente conseguía mi cometido, puesto que a la fecha hago berrinches para obtener lo que deseo; sin embargo, ya manejo mejor el fracaso que antes. 


Los gatos se mencionarán a lo largo de toda mi biografía, si alguien la escribe alguna vez. Mientras, como yo soy la escritora, me permitiré darle un apartado especial donde pondré todas las historias de mis gatos. Tuve gatitos desde que tengo memoria. A mi mamá le gustan mucho, a mi hermano también a mí me fascinan, y mi papá se ha convertido en un señor de los gatos a la fuerza. El primer gatito, que no tengo memoria pero hay fotografías, era siamés y no sabía tiempo después que esta raza de gatos sería muy importante para mí y lo sigue siendo. 


Tuve infinidad de gatitos, como mencioné. Me gustaba acariciarlos y pasar horas haciéndoles casitas con unas sillas de madera, las acomodaba de formas diferentes, les ponía trapitos como una camita, los acostaba ahí y los acariciaba hasta que se quedaran dormiditos. También les ponía croquetas, agua y leche en mis platitos de juguete. Por ese tiempo los Reyes Magos me habían traído un comedor chiquito todo de madera con un color cafecito muy bonito, y con todo también una vajilla de marca Barbie (en esta les daba comida a los gatitos). 


Me gustaba jugar acomodando todas mis cositas de Barbie en sus casas y cámper, poniendo la comida en el refrigerador, preparándoles de comer, sentándolas a la mesa, vistiéndolas para la ocasión. Me tomaba tanto tiempo acomodando todo que, cuando ya llegaba la hora de ir a cenar, bañarme y dormir para el siguiente día estar fresca como una lechuga, yo armaba un berrinche colosal. Recuerdo haber sufrido mucho en esas ocasiones donde mamá se molestaba tanto que me amenazaba con regalar todos mis juguetes o tirar todo a la basura todo porque yo no quería juntarlo y volverlo a acomodar todo al día siguiente y ella no quería tener un desmadre de casa. Yo buscaba a papá cuando peleaba con mamá, lo abrazaba y él era mi refugio, aunque no me decía nada, sus brazos me calmaban. Aunque después yo obedecía, o mamá cedía, entonces hacíamos las paces. 


Siempre terminaba volviendo a ella, de una forma u otra. Incluso a los cinco años cuando me perdí, fue muy tonto; estábamos de paseo en Veracruz quedándonos en casa de una amistad de mi mamá, nos habían prestado un cuartito que estaba separado de la casa y hasta tenía un baño afuera. Ese día fuimos a la playa y de regreso paramos en una pescadería a preguntar por los precios. Recuerdo que mi papá y mi hermano se quedaron ahí y mi mamá dijo que ella y yo nos adelantábamos a darnos una ducha. Ella me bañó primero y me puso una batita y después ella se empezó a bañar y se acabó el agua caliente, entonces me pidió ir a decirle a papá que revisara el boiler. En mi defensa, ¡mi mente de niña había visto por última vez a mi papá en la pescadería! En fin, eso es otra historia. El punto es que al menos de pequeña siempre volví con mamá, como cuando jugaba en la playa y ella me observaba desde lejos, y yo corría hacia ella a mostrarle y regalarle las conchitas que encontraba. Así recuerdo la caletilla, así recuerdo mis primeros años de vida. 

This is FICZ

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Mi boca produce emociones en mute. Mis manos pueden escribir/teclear sin filtro alguno y por eso tengo un blog. No tengo ningún fin, más que compartir. Tal vez de algo le sirva a alguien. Si me preguntas mis favoritos, hoy te daré una respuesta mañana otra.

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